divendres, 14 de maig del 2010

Negro

El mío es un gato negro. Pequeño, negro, complaciente, valiente y negro. Un cazador soberano, feliz y amoral, feroz en el orden natural de las cosas cuando muerde el viento imaginando como atrapa a los pájaros al otro lado del ventanal, sin falsa conmiseración.

En ocasiones, al anochecer, sin preaviso y en un estallido eléctrico, tensa el aire y corre a su jardín imaginario para evitar que los murciélagos lo saqueen. Allí danza solo, arriba y abajo, y caza ratones y duendes y pequeños seres de plumas y oscuridad que revolotean entre la realidad y el mundo que comparten con él. Felino ancestral y libre, negro brillante de luz y sombra, de cristal y músculo reflejado en el espejo.

Gatito valiente que sólo temes mi abandono. Vélame, que esta noche he vuelto a soñar en ratas. Ven a mi lado y escóndete, negro en el negro más negro que el negro de tu sombra. Cruza como cada noche la línea y, como si mágicamente desaparecieses para atender los asuntos de tu imperio incógnito tras el brillo intenso e inabarcable de tos ojos, déjame un ápice siquiera de la dorada arrogancia que desprenden por si vuelven las pesadillas.

Aquí esperaré hasta el amanecer tu vuelta, en esta mi tierra yerma vacía de las almas que habitan tras los ojos de cada gato, donde los míos practican la bajeza con los tuyos sin darse cuenta de quién es cada cual.

Déjame, pero, estas dos lunas inyectándose en la oscuridad, para guiarme hasta la nada, el olvido al que vamos todos, deslumbrados, mientras tú, a salvo de nosotros en tu territorio críptico y extraño, juegas despreocupadamente los ritos de las bestias de los que nunca hemos oído hablar, los de las esfinges serenas y selváticas, herederas de los secretos africanos, los de los oráculos intemporales de las noches egipcias.

Y, cuando vuelvas, practica de nuevo, como un regalo inmerecido, la metamorfosis refinada y vuelve a ser mi gatito negro. Pequeño, negro, complaciente, valiente y negro.

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